La actividad turística en Tulum atraviesa una de sus etapas más críticas. Diversos factores —ambientales, económicos y sociales— han provocado una caída en la afluencia de visitantes nacionales e internacionales, afectando a hoteles, restaurantes y prestadores de servicios en toda la zona.
De acuerdo con medios locales y especialistas, el arribo masivo de sargazo ha deteriorado las condiciones de las playas, mientras que los altos costos de hospedaje y la privatización de facto para acceder a las playas han reducido el interés de los turistas. A ello se suman problemas de infraestructura, escasez de servicios básicos y una creciente percepción de inseguridad que ha dañado la imagen del destino.
“Las calles no están mal pavimentadas, te cobran tarifas para entrar a las playas cuando en verdad deberían ser públicas y los precios de cosas básicas como el agua embotellada son excesivos, es lógico que quien viene considera no regresar”, expreso Alejandra López, ingeniera regia afincada en la ciudad por cuestiones de trabajo, y quien planea su mudanza a Cancún en los próximos meses.
El crecimiento desordenado, la contaminación y la pérdida de atractivo natural han encendido las alertas del sector turístico. Comercios y transportistas reportan caídas considerables en sus ingresos, y varios establecimientos han cerrado de forma permanente.
A 130 kilómetros también se encuentra una causa: Cancún y su aeropuerto. La ciudad es la hermana de Tulum en Quintana Roo, pero entendieron que es su competencia, por lo que han reforzado su conectividad terrestre, algo que Tulum carece por completo. Esto se reflejó en la reducción de operaciones en Tulum de Delta y United; Spirit y una filial de Lufthansa simplemente se fueron y se concentraron en Cancún.
Tulum tuvo un repunte en turismo durante la contingencia por el COVID 19, y es que mientras otros destinos turísticos ordenaron medidas restrictivas en actividades, la ciudad mantuvo operaciones como si nada, cobrando todavía más caro algunos servicios, detalla para este medio un guía turístico que pidió omitir su nombre. “Ya una vez terminada la pandemia, se aceleró el declive, todo era demasiado caro para mantenerse por siempre”.
Las preventas, otro de los negocios poco regulados que azotan a varias ciudades en México en los últimos años, también repercutieron en la reputación de Tulum. Medios como Bloomberg reportaron los recurrentes casos de fraudes inmobiliarios que sufrieron ciudadanos americanos, como el caso de Akela Development Group, cuyos ejecutivos se esfumaron con cientos de miles de dólares de desarrollos que nunca se terminaron.
Autoridades y empresarios locales buscan ahora estrategias para revertir el descenso y recuperar la confianza en uno de los destinos más emblemáticos del Caribe mexicano.
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió a la Secretaría de Turismo revisar el caso del Parque del Jaguar, donde presuntamente la Sedena, que administra el lugar, cobra para entrar a las zonas costeras. “Lo que buscamos es que toda la población pueda conocer este bellísimo lugar de Quintana Roo”, expresó.
Con información de Staff Nuevo León Post


