Pedro Treviño fue una de las figuras más influyentes en el surgimiento de la industria de bebidas gaseosas en Monterrey durante los primeros años del siglo XX. Propietario de los manantiales ubicados en la antigua hacienda de San Bernabé, aprovechó estratégicamente estos recursos naturales para establecer una de las primeras y más importantes fábricas de aguas minerales de la región. Hacia 1906, su planta era considerada líder entre las cuatro fábricas de aguas gaseosas que operaban entonces en la ciudad.
La consolidación de esta industria ocurrió cuando la fábrica de Treviño se fusionó con la “Fábrica de Aguas Minerales de Topo Chico”, fundada por Julio A. Randle. De esta unión nació la Compañía Embotelladora de Topo Chico, S.A., en la cual Treviño se convirtió en uno de los principales accionistas, junto con el industrial francés Emilio Hellión. Aunque él aportó activos fundamentales —como la planta y los manantiales—, la presidencia de la empresa fue ocupada por don Manuel Cantú Treviño, prominente empresario del sector textil.
La empresa enfrentó una fuerte competencia que impulsó nuevas alianzas financieras, entre ellas un convenio con la firma neoyorquina Wilson and Co., cuyo representante en Monterrey, Eugene G. Lastinger, asumió la gerencia. A través de Lastinger ingresaron nuevos talentos a la compañía, como Leónides Páez y Manuel L. Barragán, jóvenes que trabajaban en la Cervecería Cuauhtémoc, quienes luego tendrían un papel clave en la expansión del embotellado.
Bajo esta etapa de modernización y diversificación, la Compañía Topo Chico introdujo al mercado mexicano nuevas bebidas a base de naranja, comenzando por el refresco “Whistle” y, posteriormente, por “Orange Crush”, cuya franquicia fue la primera de su tipo en México.
La visión empresarial que Pedro Treviño había impulsado dentro de Topo Chico abrió el camino para uno de los hitos más trascendentes en la historia de las bebidas en el país: en 1926, la Compañía Topo Chico se convirtió en la primera empresa mexicana en embotellar Coca-Cola, gracias a los acuerdos alcanzados con los representantes de la marca estadounidense.
A partir de este logro, el embotellado del refresco se expandió hacia otras ciudades, como Tampico, Guadalajara y la Ciudad de México, estableciendo las bases de la operación nacional del producto más famoso del mundo.
La influencia de Pedro Treviño en la industria no solo se refleja en la consolidación de Topo Chico como empresa emblemática de Nuevo León, sino también en el hecho de que sus decisiones empresariales y su apuesta por la innovación marcaron el inicio del embotellado moderno en México.
Su legado permanece como un referente histórico del emprendimiento regiomontano y del desarrollo industrial del país.
¿Quién creó el agua mineral Topo Chico?
El agua mineral Topo Chico nace de una fusión entre la “Gran Fábrica de Aguas Minerales de San Bernabé” de Pedro Treviño y la “Fábrica de Aguas Minerales de Topo Chico”, fundada por Julio A. Randle, creando la Compañía Embotelladora de Topo Chico, S.A
¿Quién es el dueño del agua mineral Topo Chico en la actualidad?
El dueño del agua mineral Topo Chico es Arca Continental, la segunda embotelladora de productos Coca-Cola más grande Latinoamérica. Los dueños de Arca Continental, antes Bebidas Mundiales, es la familia Barragán que posee el 44% de las acciones de la compañía.
¿En qué año llegó Coca-Cola a México?
Si bien la bebida era traída por comerciantes a través de la frontera con Estados Unidos, la Coca-Cola se empezó a embotellar en México en 1926, luego de que la Compañía Embotelladora de Topo Chico, S.A de Pedro Treviño lograra un acuerdo con los representantes de la marca estadounidense.
Con información de Staff Nuevo León Post
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